lunes, 14 de diciembre de 2009

ENTREVISTA A HUGO PIERRE


¿Cuál fue su motivación para empezar con la música?
Según me dijo mi madre, no sabía yo hablar y, sin embargo ya cantaba. Ella tiene fotos de mí, entonces yo de unos tres años de edad, donde estoy “tocando el bandoneón” (fingiendo con una lata rectangular) mientras dos tías mías bailaban. Siempre he amado la música. Recuerdo que un tío político tocaba saxo y clarinete profesionalmente…bueno, para mí era una gloria escucharlo "en vivo y en directo" en cada fiesta familiar en las cuales él solía tocar algunos temas populares. Supongo que por esas motivaciones hice que una prima me anotara en el conservatorio de música a los diez años. Voy a decir, o mejor dicho a confesar algo muy gracioso: en ese entonces, no me pregunten porqué, estaba yo enamorado de la trompeta. Me fascinaba ver y escuchar tocar la trompeta. Creyendo que ésta era como el clarín, pero con el agregado de los tres pistones, erróneamente llegué a pensar que se llamaba clarinete. Recuerden que eso fue en 1946 y tenía yo unos diez años. Además no había consultado ni hablado con nadie pues ese deseo lo mantenía en secreto. Durante ese año no tuve el clarinete, sólo estudiábamos teoría, solfeo y otras materias. Como en ese establecimiento nos proveían los instrumentos para practicar a diario (…sí, íbamos todas las tardes al conservatorio), al año siguiente cuando me ”presentan” el palito negro (léase clarinete) yo quedé muy sorprendido. Pregunté qué era eso y me respondieron que era un clarinete y que ello era lo que había yo pedido. Como en esa época no había la disciplina laxa de hoy día me lo tuve que “tragar”…moraleja: soy clarinetista por desconocimiento, en esos momentos, de los apropiados nombres de los instrumentos.
¿Qué siente sobre la música ahora, y cuáles son sus objetivos, en oposición a lo que sentía cuando estaba comenzando sus estudios y desarrollándose como músico?
En realidad, no han cambiado mucho mis objetivos. Desde muy chico, teniendo once o doce años, desde que mi viejo me trajo un disco de Benny Goodman, me sentí atrapado por el jazz. Me confieso jazz adicto. Por supuesto que al estudiar seriamente el clarinete conocí la música “clásica” y aprendí a disfrutarla. Por otro lado, quiero aclarar que fui escuchando todo tipo de música y me gusta todo aquello que esté bien hecho y que me agrade. Soy ecléctico y no me encierro en una celda. ¿Que siento sobre la música ahora? Bueno, como en todas las épocas hay cosas buenas y de las otras. Lo que percibo es que las artes van siendo influenciadas en algún sentido de la manera como se comporta la sociedad. Ésta es muy tecnológica y agresiva hoy día, de modo que hay tendencia a la cibernética y a la agresividad. Eso se nota en el cine, en la televisión y en toda manifestación social: antes te robaban, hoy te roban y te agreden.
¿Puede contarnos alguna(s) experiencia(s) particular como profesional que recuerde con agrado?
Bien, afortunadamente son muchas. Apenas a los dos años de haber llegado a Buenos Aires (allá por el año 1956 o 1957) estaba yo trabajando con Eddie Pequenino en una “extinta” confitería (Cabildo era su nombre) cuando apareció José Correale (baterista el hombre) y me preguntó si quería tocar una semana en el cine Ópera con Edith Piaf…y yo le pregunté: “¿Cuánto tengo que pagar?... ¿se imaginan un chico de 21 años trabajando con tremenda figura?. Tuve mucha suerte, me pidió un día el “Gato” Barbieri, más o menos en esa misma época, que le hiciera un reemplazo como primer alto en la orq. de Lalo Schiffrin, quien estaba trabajando en radio Splendid. Este no me conocía y no me miró con buenos ojos, me preguntó quien me mandaba de cambio y no dijo nada. Yo toqué, sin ensayo previo. No cometí errores y cuando terminó la audición me dijo que cada vez que Barbieri no pudiera concurrir me pidiese que yo lo reemplazara. ¡Qué satisfacción!...
Tengo muchísimas más, pero créanme que no deseo alardear de nada. Por eso quiero que lean un libro que voy a escribir, eso sí: le he pedido a mi mujer que lo publique después de mi muerte. Como íntimas satisfacciones puedo mencionar el hecho de haber trabajado con grandes artistas de aquí y de allá (o sea USA y Europa)
En cuanto a las experiencias digo que aprendí mucho de mis colegas mayores. En ese entonces yo era muy joven y creo haber aprovechado todo lo que ellos me brindaron. Repito: tuve mucha suerte. Ahora lamentablemente no existen grupos u orquestas que toquen todos los días. Ello era una escuela en vivo y en directo.
¿Y alguna experiencia que desearía no haber vivido? (¡sin nombres, si así lo desea!)
Hay bastantes, no todas son flores. He lamentado haber tenido que trabajar a veces con músicos y/o cantantes menos que mediocres. Ya dije que lo sabrán cuando mi mujer edite mis memorias.
¿Quiénes son sus músicos favoritos? (en general, y con el saxo y clarinete)
Varios, soy muy ecléctico!
En el jazz , clarinetistas que siempre escucho y escuché son: Benny Goodman, Artie Shaw, Buddy de Franco y Eddie Daniels. Me gustaban mucho también Johnny Mince, Edmond Hall e Irving Fazola.
Entre los saxofonistas altos, en orden cronológico: Johnny Hodges, Benny Carter, Willie Smith, Charlie Parker, “Cannonball” Adderley, Art Pepper, Phil Woods, Lee Konitz y Paul Desmond (sólo por nombrar algunos, hay más en la lista)
En cuanto al tenor, debo nombrar a Coleman Hawkins, Lester Young, Stan Getz, Sonny Rollins, John Coltrane, Joe Henderson, Michael Brecker y muchos otros.En barítono son mis preferidos: Harry Carney, Serge Chaloff y Gerry Mulligan. Me estaba olvidando del soprano. Uno de los más grandes fue Sydney Bechet, también supo tocar muy bien Hodges (pero sólo durante cierto tiempo, lamentablemente)
Admiro a trompetistas como Louis Armstrong, Roy Eldridge, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Clifford Brown, Freddie Hubbard, Tom Harrell y otros más. Pianistas como Earl Hines, Teddy Wilson, Nat “King” Cole, Mel Powell , Bud Powell, Oscar Peterson, Bill Evans, Chick Corea, Herbie Hancock, Kenny Barron y Keith Jarrett. En fin hay una larga lista de músicos a quienes admiro y escucho, lamento olvidarme de algunos, no quiero ser injusto.
En el ámbito clásico soy admirador de esos grandes clarinetistas como Reginald Kell, Jack Brymer, Louis Cahuzack, Stanley Drucker, Karl Leister y otros de quienes en este momento no logro recordar sus nombres. Por ejemplo el actual solista de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
En el saxo clásico alto, para mí, el más grande saxofonista del siglo XX: Marcel Mule. Y no me olvido del incomparable Al Gallodoro.
¿Qué saxofonistas y clarinetistas actuales le gustan?
Bien, en tenores: Michael Brecker, Bob Mintzer, Ernie Watts, Joe Lovano y otros de quienes no recuerdo sus nombres… no olvides que después de los cuarenta, lo primero que se pierde es la memoria y lo otro… ¿qué era?...
En lo que respecta al alto, nombro a Kenny Garrett y Vincent Herring. Puedo decir que escucho poco a David Sanborn pues le reconozco ser el dueño de una gran personalidad, pero yo pienso (es mi opinión personal) que realmente es un músico “Pop” y no de Jazz. No obstante debo reconocer el valor de su creación expresiva, no hay saxos altos que en determinados momentos no lo imiten (en todo el planeta).
Me agrada escuchar a Nick Brignola y Ronnie Cuber en el barítono.
En cuanto al soprano, escucho con mucho placer a Brandford Marsalis.
En clarinete renombro a Eddie Daniels, y agrego a Ken Peplowski.
¡Me han quedado varios en el tintero!
¿Cuáles son las grabaciones que Ud. elegiría como sus favoritas en cada uno de los instrumentos (saxos y clarinete)?
En saxo alto, los solos de Charlie Parker en “Parker’s Mood” y “Ko-Ko”, y el solo de Johnny Hodges en “All of Me” con Duke Ellington (en vivo) en París.
En los tenores elegiría el legendario “Body and Soul” de Coleman Hawkins de 1939.Incluyo los solos de John Coltrane en “Weaver of Dreams” (con Cannonball Adderley) y por supuesto…”Giant Steps”.
En barítono no me cansaría de escuchar a Gerry Mulligan en “A Ballad”.
En soprano me encanta escuchar a Sydney Bechet en “That’s a Plenty” (Con Mugsy Spanier en corneta y, por primera vez en el jazz con bajo y batería, sin piano…¡diez años antes del cuarteto de Mulligan!
Tampoco olvidaré el exquisito soprano de Johnny Hodges en “Blue Goose”(también con Ellington)
Finalmente, en clarinete…¡como no tener presente el “Stardust” de Artie Shaw! y el solo de Benny Goodman en “TigerRag” (versión del sexteto, posterior a la del trío)
¿Como surgió la cátedra de Saxofón del Conservatorio Nacional de Música?
La cátedra de saxofón del Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo nació por iniciativa del ya fallecido maestro Julio Fainguersch. Él me convocó y me pidió que me hiciera cargo de dicha cátedra. Confeccioné el programa de estudios y enseñé en el Ciclo Superior durante casi diez años.
¿existían antecedentes en el país?
Ya existía una cátedra el Conservatorio Municipal Manuel de Falla (Buenos Aires).
¿Se enseña música popular en el Conservatorio Nacional?
No sé si ahora. Yo algo enseñé a algunos alumnos con las anuencias de Fainguersch y Julio García Cánepa, quien me acaba de proponer la enseñanza de improvisación y lenguaje de jazz. Estamos analizando esta propuesta.
¿Cómo compatibiliza la ejecución de música clásica y popular?
Bueno, hay casos actuales como Wynton y Brandford Marsalis, quienes han recibido una sólida formación ortodoxa. Ello les ha permitido hacer ambos géneros exitosamente. En el pasado debemos nombrar a Benny Goodman.
Pero hay que aclarar que son dos estilos de ejecución diferentes en varios aspectos. Uno debe conocer y desarrollar el estudio y la práctica de ambos. Claro que ello demanda un gran esfuerzo. Para dar algunos ejemplos: en el jazz casi siempre se atacan las frases con aire (sin lengua), el vibrato es diferente; se escribe de una manera y en realidad no se toca exactamente como está escrito. En broma les digo a los alumnos que el jazz es como el idioma inglés: se escribe de una manera y se lee de otra. En fin, creo que esta pregunta amerita más desarrollo. Como dicen muchos jóvenes: es “todo un tema”.
¡Desarrollémosla entonces! Para los músicos “clásicos”: ¿Puede describirnos en qué consisten esas diferencias de escritura-ejecución que menciona?
Bien, el jazz tiene la característica, sobretodo en los temas lentos, de tocar en tiempos ternarios. O sea que se escribe en cuatro por cuatro pero en realidad se toca en doce por ocho o, si lo prefieren en tresillos. Sería muy complicado escribirlo en doce por ocho o en tresillos, de ahí que se escribe en cuatro por cuatro.
Otra diferencia: se acentúan el segundo y cuarto tiempo, al revés de otros estilos de música. Se ocultan (en realidad se las tocan con menos volumen) ciertas notas para destacar otras, pero se escriben todas.
Las acentuaciones en las frases de notas conjuntas, por ejemplo una escala, se acentúan las segundas corcheas de cada tiempo. O sea que se acentúan las partes débiles del compás.
Hay varias cosas más, pero creo que ese sería un interesante tema para abordar.
¿Y en cuanto al vibrato?
Esta pregunta amplía los conceptos anteriores. Generalmente los instrumentos de viento han tomado ejemplos de vibrato en las cuerdas. Esto lo han dicho grandes músicos: Marcel Mule decía que él tomaba como modelo el vibrato de los violinistas y chelistas.
En jazz el vibrado suele ser por momentos irregular, a veces se comienza una nota larga sin vibrato y sólo se vibra casi al final. Se tiende a vibrar más rápidamente en las notas agudas y más lentamente en las graves. Obedece en general al vibrato de los cantantes de jazz. La expresión es muy distinta a la de los modelos clásicos.
¿Qué otras diferencias encuentra?
La sonoridad, se buscan otros timbres. Esto tiene que ver con el contexto. Si bien un buen sonido es siempre un buen sonido, lo que suele cambiar es el color buscado. Es importante señalar que el solista de jazz tiene mucha libertad para expresar una melodía.
¿Puede hablarnos del equipamiento para uno y otro estilo?
Bueno, lo ideal sería tener más o menos el mismo equipamiento…pero es una cuestión personal que atañe a la comodidad que pueda brindar a algunos el hecho de tocar jazz con boquillas más abiertas y brillantes para poder tener más volumen y diferente timbre.
También es bueno recordar que la parte más importante de la boquilla es la parte de atrás…o sea, el que toca.
¿Qué tipos de boquillas recomienda?
El tema de las boquillas da para mucho. Yo más bien creo en el individuo, uno tiene en su cabeza un ideal de sonido y trata de conseguirlo con el equipo que le resulte más cómodo. Es por eso que hay tantos modelos de boquillas, cañas, accesorios e instrumentos. El que pretende tener un sonido brillante e incisivo buscará una boquilla de cámara más chica que le facilite el trámite. Y así suceden las búsquedas del equipamiento.
¿Varía esa recomendación según el nivel y características del ejecutante?
Yo diría que una persona que comienza a estudiar necesita una boquilla clásica (Selmer C o D, Vandoren A 17, A 27 o A 28) Digo esto pues las boquillas “super shot” son como los autos de fórmula uno: hay que ser un experto para saber manejarlos. Cuando el ejecutante tiene ya dominio de la embocadura buscará la que le resulte más cómoda para sus fines. En general aconsejo no ir a los extremos. Las boquillas demasiado abiertas o cerradas traen problemas, como decían los antiguos griegos: la verdad está en el medio. Esto se puede aplicar a casi todo.
¿Se puede enseñar a improvisar?
He aquí una buena y difícil pregunta. Es un poco relativo, depende de las condiciones naturales de cada individuo, de la dedicación y la constancia de la práctica diaria, de escuchar y captar (o sea darse cuenta de) las ideas, fraseo y matices de los grandes improvisadores. Hay que escuchar mucho a esos grandes solistas. Obviamente es importante también tener una buena guía, léase un buen profesor.
Hay un peligro en la globalización de la enseñanza: el estudio mecánico de los “patterns” (patrones) puede hacer que la improvisación sea cibernética, …¡no olvidemos que hay programas de computación que escriben y componen temas!
¿En qué consisten sus clases particulares?
Enseño el estudio del instrumento ortodoxamente: una correcta embocadura, una buena técnica y conocimiento de los recursos necesarios para ello. Enfatizo el estudio y la práctica de las escalas y arpegios en todos los tonos, tanto para tocar clásico como para improvisar y ejecutar jazz. Comienzo con los métodos correctos y apropiados, y a los que desean aprender jazz, cuando están capacitados, comenzamos a leer e interpretar métodos (como ser libros de Lennie Niehaus y dúos de diversos autores). Más adelante les enseño acerca de la improvisación.
Es importante y debo decir que permanentemente toco con ellos. De esa manera puedo dar ejemplos y controlarles efectivamente la afinación, matices, etc. También les demuestro cómo deben estudiar, cosa que no muchos lo hacen: enseñar a estudiar.
¿Basa sus enseñanzas en algunos libros en particular, además de los de L. Niehaus que ya mencionó? (clásico y música popular)
Comienzo la enseñanza del saxo con los tres volúmenes de Robert Druet, lo voy complementando con los 50 estudios fáciles de Guy Lacour y con ejercicios técnicos de mi cosecha. Luego voy incorporando el Ferling, los Modos Mesiánicos de Lacour, los "caprichos" de Bozza, obras de Bach y de otros autores. En cuanto al jazz además de Niehaus usamos libros de Sid Cooper (dúos), Bugs Bower, John La Porta y muchos otros. He escrito un libro sobre la improvisación y lo uso para ello. Por supuesto, la lista es más larga, he dado una referencia general.
¿Qué recomendaciones les da a sus alumnos sobre el estudio fuera de la clase? ¿Recomienda rutinas fijas? ¿Cómo sugiere organizar el estudio?
En primer lugar, hay que acordarse de Napoleón Bonaparte quien decía a su valet: “vísteme despacio pues estoy apurado”. Consejo de oro es el de estudiar lentamente e ir acelerando muy paulatinamente. El error de los principiantes es el de estudiar rápido, de esa manera se “perfecciona” el error. Una rutina seria y eficiente comienza con la práctica de escalas, arpegios y ejercicios de sonoridad. Después de ello las lecciones de los métodos u obras. Es necesario practicar todos los días, eso es lo que realmente dará su fruto.
¿Qué consejo puede dar a los estudiantes de música que pretenden dominar varios estilos?
Que no lo hagan todo al mismo tiempo. Otro chiste-consejo, como dijo Jack el Descuartizador: “vayamos por partes”…esto significa que cada cosa a su tiempo, no olvidarse que hay que ser cauteloso con la ansiedad.
¿Considera importante realizar transcripciones de grabaciones?
¡Es casi un deber! Ayuda a desarrollar el oído y a comprender y analizar los solos de los grandes improvisadores y también de los arregladores.
¿Se puede hablar de una “escuela” de saxo clásico en Argentina?
Otra difícil pregunta. Bien, humildemente creo haber contribuido a desarrollarla en nuestro país. Me nutrí de todo lo que pude aprender sobre ello. He consultado, leído e informado durante toda mi vida acerca de ello. También he tocado durante más de treinta años solos de saxos en las obras sinfónicas que así lo requieren. Por ejemplo: “Cuadros de una exposición”, “Bolero” de Ravel, óperas como “Werther” de Massenet, “Mahagony”… sólo por nombrar algunas obras de las tantas que me han tocado hacer. Creo además que he tenido alumnos que gracias a sus condiciones y seriedad en sus estudios, tienen hoy la posibilidad de enseñar correctamente el estudio del saxo clásico en la Argentina. Post data: he sabido que ha habido grandes maestros como Hervier (no sé bien como se escribe), quien le enseñara entre otros al “Gato” Barbieri. Aclaro que no lo conocí personalmente.
¿Existen conflictos o beneficios en ejecutar saxo y además clarinete?
Realmente creo que los conflictos pueden ser ocasionados por la difícil administración del tiempo que se les dedique al estudio de ambos. Una vez más digo que cada cosa a su tiempo. Mi experiencia personal fue estudiar primero el clarinete y cuando tuve cierto grado de eficiencia comenzar a estudiar el saxo. Pero…no hay que olvidar que comencé desde muy temprana edad. En fin, se puede hablar mucho más sobre este tema.
¿Rocomienda diferente embocaduras para uno y otro instrumento? ¿Podría darnos algunos detalles al respecto?
No creo que haya una diferencia muy grande entre uno y otro. Existe una pequeña diferencia en cuanto al ángulo de la embocadura. En el saxo se coloca la boquilla en una posición casi horizontal, en el clarinete debe estar la boquilla en un ángulo de unos 40 o 45 grados, depende esto de la conformación de la boca del ejecutante. La presión del aire es levemente mayor en el clarinete. Noten que me refiero a la presión del aire, no del labio inferior. Se debe ejercer la menor presión posible en ambos instrumentos, de esa manera no “estrangularemos” la caña y ésta vibrará dando una mayor cantidad de armónicos. Existen otras diferencias pero son debido a las diferentes características acústicas de cada instrumento. El clarinete no “octavea” (en la misma posición no sale la octava, sino la 12ª o, si lo prefieren una octava más la quinta) En cambio en el saxo, como en la flauta y el oboe, suena la octava en la misma posición. Esto, me parece, tiene que ver más con la digitación que con la embocadura.
Tengo entendido que en una época también trabajó como flautista. ¿puede contarnos su experiencia en ese sentido?
¡No me hablen de ello!...nunca pude tocar la flauta al nivel del saxo y/o clarinete. Estudié bastante, pero lo hice ya de grande y no fue lo mismo que con los otros instrumentos. Es una materia que tengo pendiente. La embocadura de la flauta es totalmente distinta a la de las cañas. Pero, bueno, lo tuve que hacer por necesidades laborales.
Hablemos un poco sobre el aprendizaje del saxo/clarinete… ¿qué consejo le daría a alguien que pretende iniciarse, pero no sabe nada de música ni del instrumento? (consejos generales, y específicos para los argentinos).
En primer lugar, que estudien teoría, solfeo y audio perceptiva; que sean cotidianos sus estudios y/o prácticas, pues es la regularidad y la constancia lo que realmente rinde frutos.
¿Recomienda estudiar en instituciones oficiales o buscar otras alternativas?
Bien, espero que nadie se enoje. Yo comencé estudiando en un conservatorio municipal (pero sostenido con la ayuda de damas de la sociedad rosarina) y después de tres años fui a estudiar con muy buenos maestros. Acerté en mi caso y paso a explicar porqué. En los establecimientos oficiales a veces dependemos de los maestros que nos toque en suerte. Además se estudia durante un período de unos siete meses, más o menos. Hay que contar los feriados, desinfectación del edificio, etc. El alumno rara vez toca con el profesor y sólo tiene por lo general unos minutos de clase individual. Sinceramente estoy convencido que se puede estudiar mejor con buenos profesores particulares. ¡Ojo!...me refiero a como se dan las cosas en nuestro país. No creo que en el llamado Primer Mundo suceda lo mismo que aquí. Para ser honesto, digamos que en la Argentina los gobiernos no están demasiado preocupados por la educación. Acepto el disenso. Esta es mi opinión.
¿Cuál es la situación de los saxofonistas y clarinetistas en nuestro país? ¿Con qué se encuentra un joven músico que está haciendo “sus primeras armas” en la profesión? ¿Se puede vivir de la música?
Lamentablemente es una difícil situación la que actualmente vivimos. Antaño, como ya lo he dicho antes, era mucho mejor. Había trabajo y en algunas actividades profesionales se percibían salarios dignos que nos permitían vivir bien. Existían varias confiterías en la ciudad, sobretodo en el centro que daban trabajo a tres o cuatro grupos por mes. Se tocaba con big bands o combos en los bailes que organizaban los clubes (San Lorenzo, River, Boca, Huracán, Racing, Independiente, etc., etc., etc.) Había músicos en las boites, cabarets, hoteles, radio y luego en los canales de televisión. Bueno sería largo y tedioso enumerar la cantidad de trabajos que existían. Por ello un músico que hacía “sus primeras armas” tenía trabajo y la valiosa circunstancia de aprender el oficio al lado de profesionales que ya tenían experiencia. Hoy día no existe ello y hay que reemplazarlo por orquestas escuelas, que creo no hay muchas, si las hay.
Con respecto a la pregunta de la posibilidad de poder vivir de la profesión de músico, digo que es bastante difícil en la actualidad, salvo que se pueda entrar en alguna orq. sinfónica o alguna banda. Otra opción es la enseñanza. En el caso de los saxofonistas “freelance” es muy importante tocar ambos instrumentos, saxo y clarinete, y de ser posible también la flauta.
Por favor cuéntenos sobre sus ocupaciones actuales
En la actualidad ejerzo la docencia particular y trabajo en la cátedra de clarinete de la Universidad Católica Argentina. Estoy tocando y grabando con Juan Carlos Cirigliano en dúo y cuarteto. También hacemos recitales con mi cuarteto de saxofones y eventualmente alguna grabación de película y algún disco comercial. Integro el conjunto Anacrusa dirigido por José Luis Castiñeira de Dios, quien además compone música para el cine. Este año de 2003 hemos grabado con él tres películas. Y estoy abierto a tocar buena música con quien me lo solicite.
Entrevista realizada por Daniel Kovacich en Noviembre de 2003. Extraida del sitio: www.kovacich.com.ar

miércoles, 9 de diciembre de 2009

ÚLTIMO ENSAYO DEL AÑO CON EL ENSAMBLE.












































































Ensayando Watermelon Man,el miércoles 2 de diciembre de 2009.21: 15 h.

Saxos tenor:
Jorge Vargas, Juan Carlos Gulino, Dario Romero.
Saxo alto:
Martín Senatore.

martes, 3 de noviembre de 2009

UNA CLASE DE ENSAMBLE








Trabajando para el Rodolfo Tornello Ensamble con los hermanos Dierna. Jonathan (saxo tenor), Renzo (bajo). Miércoles 28 de octubre de 2009, 10:50 h.

miércoles, 7 de octubre de 2009

ENTREVISTA A UN ALUMNO

Con ustedes Dario Romero (saxo tenor 28 años.)

1- ¿Qué te motivó a estudiar el instrumento elegido?
Contrariamente al “común mayor” que les gusta el saxo por la jazz y/o el blues, a mi me atrajo el sonido de varios discos de rock nacional (sumo, Los Redondos, La renga entre otros). Y el empujón final a tomar clases me lo dió mi novia.
2- ¿Cuáles eran las expectativas que tenías antes de empezar?
Tener un buen sonido, sacar temas por si solo y tocar en alguna banda son las primeras que se me vienen a la cabeza.
3- ¿Creés haber cumplido con alguna de ellas?
Mmmm, creo que solamente la primera (jajaja)
4- ¿Modificó el estudio de la música algo en tu vida?
Modificó mis creencias o gustos musicales. Antes no escuchaba otra cosa que no fuera material de las bandas mencionadas y hoy escucho de todo (menos cumbia y reggeton que no es música..pero eso es otro tema). Y siento una gran alegría por hacer algo que siempre quise hacer y por una u otra cuestión no pude.
5- ¿Qué opinión te merece la disciplina y la constancia en lo que a alcanzar tus metas se refiere?
Son pilares para todo proyecto en la vida y no quedan excluyentes en el estudio del instrumento.
6- ¿Podés comentarme qué sentiste cuándo lograste tocar sin errores tu primera melodía o ejercicio técnico?
Mi primer tema fue Perfidia y sentí una gran alegría por haber logrado algo tan buscado en mí. Con respecto a los ejercicios es un poco menos satisfactorio en lo que a la melodía respecta, pero te lleva a ir superándote y ahí terminas encontrando satisfacción.
7- ¿El estudio del instrumento a ampliado tu percepción musical en cuanto a gustos? ¿Por qué?
Como cité antes, me abrió el oído musicalmente hablando. Antes sino eran Los redondos, La renga, La Missisipi ú otras bandas nacionales no existían para mí. Hoy escucho muchos otros estilos musicales.
8- ¿Has tenido la ocasión de tocar con otros músicos? ¿Cuáles fueron las sensaciones que experimentaste?
Tuve la ocasión de practicar en varias oportunidades con otros músicos ( o estudiantes). La sensación es muy buena, pero la gran frustración es no haber logrado una continuidad en ello, nunca pasó de ser un proyecto a algo real
9- ¿Hasta el momento qué es lo más difícil a qué te has tenido que enfrentar, musicalmente hablando?
Practicar con el metrónomo, aunque creo que ya tengo el “secreto” para vencerlo y es no verlo sino escucharlo solamente
10- ¿ Qué le dirías a alguien que tiene intenciones de comenzar a transitar este camino?
Que lo tome con dedicación. Podes tener cualquier edad, cualquier estado civil y cualquier ocupación. Es cuestión de dedicarle todos los días varios minutos. Yo desde los 14 años que quiero practicarlo y comencé a los 27. Hoy, un año después, siento una gran alegría por transitar este camino y quiero, y espero, que sea un largo camino el que recorra.

martes, 6 de octubre de 2009

ENTREVISTA A WAYNE SHORTER


A sus 75 años, Wayne Shorter se ha convertido en una leyenda del jazz. Durante años tocó con Miles Davis, bailó mambo con Pérez Prado y rescató a Elis Regina. El saxofonista actuará el 15 de julio en Vitoria

Podría ser la Riviera francesa pero son las colinas de Los Ángeles, California; un mar de silencio en el corazón de la metrópolis. Hollywood a un lado, al otro Beverly Hills, y allá a su frente Sunset Strip. A estas horas de la mañana, el barrio está habitado por un laborioso ejército de jardineros y operarios de tez oscura. Las chicas de servicio, hispanas, caminan al paso de las mascotas. Un cartel en la puerta de una vivienda contigua a la del músico advierte a los intrusos: "No traspasar. Los infractores serán tiroteados. Los supervivientes serán rematados".



"En mis comienzos, el jazz era la música de la calle, la que tocaban los músicos con la mirada fija en las chicas..."
¿Qué hace un músico de jazz viviendo en un lugar como éste? La respuesta llega tan pronto se accede al interior del edificio con vistas a "esa bruma de color melaza que los ciudadanos de Los Ángeles prefieren al aire real", en palabras de Woody Allen. Wayne Shorter es muchas cosas. El más importante compositor de jazz vivo, según acuerdo unánime de críticos y aficionados. El único saxofonista capaz de abrirse paso por sí mismo, en tiempos en que John Coltrane era referencia obligada. Improvisador más que notable, filósofo, cinéfilo, apasionado lector de ciencia-ficción... Shorter fue el objeto de deseo de Miles Davis (hasta que pudo robárselo a su anterior empleador, el baterista Art Blakey) y el astro de multitudes, con Weather Report. Su existencia no ha sido un remanso de paz: en el año 1996, asistió a la muerte de su primera esposa, Ana María, en el accidente del vuelo TWA 800 que, hoy lo sabemos, no fue tal. Shorter sabe lo que es tocar fondo y vive para contarlo. Felizmente, sus días de vino y rosas quedan lejos...

Wayne Shorter, 75 años bien llevados, estará en Vitoria, el próximo 15 de julio, al frente de su cuarteto, para un concierto que se anuncia irrepetible: "Con ellos tengo la sensación de que puedo hacer lo que se me pase por la cabeza, que no hay límites, que todo es posible...".

PREGUNTA. Ha sido homenajeado por la prestigiosa San Francisco Jazz Society.

RESPUESTA. No sabía nada, hasta que me vi rodeado de toda esa gente, altos cargos de la Administración, comentaristas políticos, miembros de la élite cultural..., todos vestidos de esmoquin y encantados de conocerme; e imagine quién estaba sentado junto a mí en la mesa presidencial: Robert Redford. Y estaba Herbie, que dijo unas bonitas palabras sobre mí.

P. Eso de que a su amigo del alma le hayan otorgado el premio Grammy

-River. The Joni letters- y a usted no, ¿cómo lo lleva?

R. No problem (sic). Ante todo, Herbie y yo somos compadres (en español). Él y Dave Holland y Lionel Loueke, o Tina Turner.

P. En su biografía,

Footprints. The life and work of Wayne Shorter, se cuenta que Tina Turner fue su introductora en los ambientes enrarecidos de Hollywood.

R. Lo más cerca que Tina ha estado nunca del jazz ha sido conmigo, lo que no es decir mucho. Ella acababa de dejar a su marido, Ike. Recuerdo que yo estaba regresando de un concierto cuando recibí la llamada de mi mujer: "Adivina quién viene a cenar esta noche". Y se quedó tres meses. Por cierto: es una estupenda cocinera.

P. También acogieron a Elis Regina, la diva de la música brasileña...

R. Elis era un ser carismático..., nos conocimos en Japón hace muchos años. Llegó una noche a mi habitación del hotel y se arrodilló: "Beso tus pies". Yo no sabía qué decir: ponte en pie, ¡eres Elis Regina!..., nos volvimos a ver en Brasil y fue cuando me habló de Nat King Cole, que fue quien la inspiró para convertirse en cantante. No parecía feliz. Algo en su mirada la delataba. Le invité a pasar una temporada en mi casa. Ella cogió el primer avión y se quedó seis semanas. Fue mágico. Teníamos la mesa de la cocina tapizada con partituras y hablábamos de música, y ella podía estar cocinando unos chorizos y cantando, y yo la acompañaba. Hasta que se venía junto a mí, apoyaba su cabeza sobre mi hombro, y me decía: "Dime, Wayne, ¿qué demonios voy a hacer con mi vida?". Y es cuando empezaba a fantasear con dejarlo todo.

P. He oído hablar de un proyecto de disco a dúo que nunca se concretó.

R. Ella quería cancelar todas sus giras, empezar de nuevo. profesional y personalmente, pero también estaba empeñada en grabar un disco conmigo. Lo estuvimos preparando durante un tiempo, luego fui a Brasil y ensayamos, pero yo notaba que estaba como ausente, le agobiaban los problemas sentimentales. Decidimos dejarlo para otro momento que nunca llegó. Me consuela que su hija, María Rita, siga sus pasos.

P. Se desconoce su pasado como compositor, intérprete y bailarín de mambo.

R. Sí, lo bailaba, a mi modo. Tenía una banda en el Birdland, al lado del Palladium, el templo del mambo. Alguien del Palladium oyó hablar de nosotros y nos invitó a tocar. Y allí fuimos. Estaban Tito Puente con su banda y Pérez Prado. Pusimos el lugar patas arriba, hasta Celia Cruz, que era una chiquilla, acabó bailando. Años más tarde me encontré con Tito y aún se acordaba: "¿Recuerdas cuando tocasteis en el Palladium? ¡Tío, nos disteis una patada en el culo!". Imagínese: ¡le habíamos metido el miedo en el cuerpo al rey del mambo.

P. Cuesta imaginarle en la tesitura.

R. Hace poco me llamaron de la Librería del Congreso para decirme que se había producido un error en sus archivos y yo aparecía como el autor de tres mambos, Mambo X, Mambo Moderato y Midget Mambo, lo que, a todas luces, era imposible. No podían creer que las hubiera escrito yo. En los cincuenta, un chico no podía aproximarse a una chica a no ser que fuera capaz de bailar latino. Los chicos iban al instituto y luego a la academia de baile y había una radio que todo el mundo escuchaba para ponerse al día, porque uno no estaba en el asunto si no eras capaz de marcarte un chachachá, un mambo o un merengue.

P. Está destruyendo su imagen como un músico críptico, cerebral...

P. Pero es que el jazz no es únicamente una música cerebral, lo que ocurre es que la gente se ha olvidado de que el bebop se bailaba. Cuando Dizzy Gillespie tenía su big band, existía un baile llamado The Applejack, que era como lo que hace Michael Jackson cuando salta sobre la punta de los pies. En mis comienzos, el jazz era la música de la calle, la que se escuchaba en los night clubs, la que tocaban los músicos con la mirada fija en las chicas de la primera fila...

P. Una costumbre que se ha perdido.

R. Ahora todo es más complejo. Antes, se improvisaba para conquistar a una chica y la mitad eran frases hechas para impresionar al auditorio del modo más rápido y efectivo. Ahora, la improvisación es un método para acceder a otros niveles de conocimiento. Improvisar es aprovechar lo que sabes para permitir que las cosas sucedan. Se trata de huir de todo lo que le resulta a uno familiar, olvidarse de las lecciones de música, aceptar la incertidumbre. No tocar 1 + 1 = 2, no saber que, si hago esto, lo próximo va a ser necesariamente esto otro. Con el cuarteto, nunca sabemos lo que vamos a tocar, todo lo construimos sobre la marcha. A oídos del profano, puede parecer que, a veces, el improvisador pierde el control, pero no es así, porque el cerebro nunca duerme. Cuando estás tocando, piensas, sientes..., no existe la coincidencia ni el casualidad.

P. Su colega Sonny Rollins lo compara con entrar en trance.

R. Es posible..., una de las cosas que más me divertía estando con Miles

era cuando se le acercaba un sesudo entrevistador con la eterna pregunta: "Dígame, señor Davis, ¿cómo organiza en su cabeza sus ejecuciones musicales?". Miles siempre respondía lo mismo: "Se lo diré: subo al escenario y toco". Y ya está. Es como el niño al que su padre enseña a nadar arrojándole al agua y lo próximo que sabe es que está nadando, no sabe cómo. Ningún músico ni pintor podrá decirle qué ocurre mientras está creando una obra. Con

Coltrane pasé horas hablando de filosofía, de la vida, y muy poco o nada sobre música. Y con Charlie Parker ocurría lo mismo. Una vez, alguien le preguntó qué tocaba y él respondió: "Toco valles, lagos, ríos...".

P. Aparte de Parker, Coltrane y Miles,tuvo otros maestros, como Lester Young.

R. En 1956 yo estaba en el ejército y viajé a Toronto con un permiso y allí me encontré con que Lester estaba tocando en un bar de la ciudad. Naturalmente, fui a escucharle. Tras el primer set, me acerqué a la barra y, de repente, siento una mano sobre mi hombro: "Tienes toda la pinta de ser un marinero neoyorquino de permiso". ¡Era Lester Young! Y, no sé por qué, se había fijado en mí: "¿Quieres un trago? Pero mejor vayamos al sótano que es donde guardan el coñac bueno". En aquel bendito sótano viví una de las experiencias más impactantes de toda mi existencia, simplemente hablando y bebiendo coñac con el gran Lester Young. Unos meses después murió. Algo parecido me ocurrió con Dexter Gordon. Le escuché por vez primera en un jukebox, entonces todo era Charlie Parker y Dizzy Gillespie y, de repente, ese sonido... Dex vino antes de Coltrane y era distinto a todos. Tuve la ocasión de conocerle durante el rodaje de Round Midnight (Bertrand Tavernier, 1986). Todo un personaje, tal cual aparece en la película. Poco después, me llamó para que le sustituyera en un concierto en el Carnegie Hall. Para entonces, ya se encontraba muy enfermo. Desgraciadamente, cuando me llamó yo estaba en la carretera.

P. Lo que me recuerda una frase: "La carretera puede ser el lugar más solitario del universo". Lo dice en su biografía.

R. No sé, quizá cuando lo escribí..., la soledad viene más bien cuando estás escalando la cima y estás entregado a la misión que te has encomendado a ti mismo de romper con el tipo de música deleznable que rodea al ser humano las 24 horas del día; ése es el tipo de trabajo que te lleva a vivir a contracorriente. Luchas contra tu familia, a la que apenas ves; contra la compañía discográfica que te presiona para que hagas esto o aquello; contra tus compañeros, cuando te niegas a hacer cosas que suelen hacerse los días libres en una banda de rock and roll... eso es algo que viví durante los 14 años que pasé con Weather Report. Con mi cuarteto las cosas son diferentes, y lo eran cuando tocaba con Miles.

P. Para quienes conocimos el genio de Miles resulta extraña la idea del trompetista como un líder protector y benéfico.

R. Tocar con Miles fue muy divertido. Nunca lo he pasado mejor en mi vida, con excepción de algún momento puntual con Weather Report, y con el grupo que tengo ahora. En los seis años que estuvimos juntos, no hubo una discusión. Y luego estaban los consejos de Miles. Una vez, al poco de incorporarme al grupo, estaba ansioso por demostrarle lo mucho que podía tocar. Había terminado mi solo y Miles me susurró al oído: "¿Has pensado alguna vez que no tienes por qué tocar todo lo que sabes en cada uno de tus solos?". Por supuesto, capté el mensaje. Pero Miles no te decía lo que tenías que hacer ni daba órdenes y procuraba mantener fuera de nuestro círculo a los que venían para aprovecharse de nuestra escasa experiencia. En el Plugged Nikel de Chicago, alguien del público protestó porque, supuestamente, Tony Williams estaba tocando demasiado fuerte. Miles cogió el micrófono y con su voz de ultratumba, dijo: "¡Dejen al baterista en paz de una puñetera vez!". El tipo no volvió a abrir la boca. Luego esto lo cortaron del disco, o no se grabó, no lo sé.

P. ¿Su actual concepción artística sigue estando inspirada en Miles?

R. En él y en Lester, Coltrane, Parker, Pau Casal, Joaquín Rodrigo, Beethoven, Manuel de Falla, Stephen Hawking, Mary Shelley, Henrietta Brodkrany, la mujer que descubrió la dinámica de los torpedos en la cocina de su casa..., el reto consiste en crear una música que inspire a percibir la vida como un proceso eterno. Lo contrario es ese pensamiento tan extendido de "sólo se vive una vez", lo que sirve para justificar el asesinato, el robo, la violación, lo que sea. Porque sólo se vive una vez, uno está autorizado a hacer cuanto está a su alcance. La violencia viene de la inmediatez, de lo demasiado obvio. Sólo el arte es eterno. Por eso, yo me procuro rodear de artistas no conformistas, como Milton Nascimento, Joni Mitchell, Danilo Pérez, John Patitucci y Brian Blade, o los miembros de mi actual cuarteto. Hablamos de llegar a un punto semejante con la música, que no todo sea ir de "A" a "B" y vuelta. Es algo que solía decirme Miles: "Tío, ¿no estás harto de tocar música que suena como música?". Se trata de tocar una música que no suene familiar, que tenga que ver con algo que sea constante y no temporal.

P. Algo así como la anti-música.

R. Exacto. De hecho, ése es el nombre que le puso Tony. Y no es nada concreto, sino un impulso que te obliga a no bajar la guardia e ir un paso más allá de tus posibilidades. Es como si te retaran a ver si eres capaz de entender el sentido de la vida y la muerte. Por eso mi música no tiene principio ni final, porque no creo en estas palabras. A veces, la maquinaria parece que se para porque dejamos de tocar, pero debes ser consciente de que es algo momentáneo. Esto, lo aplico a mi vida: pierdes a un ser querido y la gente piensa que ya no serás el mismo. Yo perdí a mi mujer, a mi hermano Alan, a mi amigo Joe Zawinul, y muchos que esperaban encontrarme a punto del suicidio. Pero yo sé que Ana María es eterna, y Alan, y Joe, todos lo somos. A veces pienso en la muerte como en unas vacaciones. Un largo sueño.

P. Algunos de sus más recientes colaboradores no tienen que ver con el jazz, el caso de la soprano Renée Fleming.

R. Mi relación con

Renée arranca de unos esbozos que escribí cuando tenía 19 o 20 años, luego los olvidé, hasta que se me ocurrió rescatarlos para un concierto con la New Japan Orchestra. La CBS envió la cinta del concierto a Georg Solti y me llamó: "¡Vamos a completarlo inmediatamente!", pero falleció. Entonces Renée me pidió que le escribiera cualquier cosa. Es muy valerosa, y una excelente cantante de jazz. No sé si sabe que Illinois Jacquet le escuchó cantar cuando ella estaba en el instituto, y le invitó a unirse a su orquesta. Renée es capaz de cantar lo que le echen. Desde entonces llevamos hablando del proyecto al que voy a incorporar esos esbozos.

P. ¿Algo qué decir en torno a las próximas presidenciales?

R. Lo más importante: que América no va a elegir a un presidente negro sino la posibilidad de un cambio profundo. Hemos dejado pasar muchas oportunidades. Grandes creadores, como Charlie Parker, Bud Powell o Art Tatum; filósofos, pensadores, Mahatma Gandhi..., nadie les hizo el menor caso; a Joseph y Robert Kennedy directamente los asesinaron. Y a Abraham Lincoln. Debemos aprovechar la oportunidad que se nos brinda con Obama o lo lamentaremos.

P. ¿Y sobre su concierto en Vitoria?

R. Eso sólo Dios lo sabe. -

Entrevista Realizada por: Chema García Martínez. 28 de junio de 2008. Publicada en el diario El País, España.

viernes, 18 de septiembre de 2009

BUENOS MUCHACHOS 27



Presentando a la saxo alto Camila Lagos. Miércoles 23 de septiembre de 2009, 19:50 Hs.

BUENOS MUCHACHOS 26



Presentando con el saxo alto "de la casa" a Gonzalo Vera. Viernes 18 de septiembre de 2009, 19:23 hs.

BUENOS MUCHACHOS 25


Presentando con el saxo alto "de la casa" a Nicolás Modiga. Viernes 18 de septiembre de 2009, 18:30 hs.

ENTREVISTA A UN ALUMNO

Con Ustedes: Manuel Vargas. (saxo alto y clarinete, 23 años.)


1- ¿Qué te motivó a estudiar el instrumento elegido?
2- ¿Cuáles eran las expectativas que tenías antes de empezar?
3- ¿Creés haber cumplido con alguna de ellas?
4- ¿Modificó el estudio de la música algo en tu vida?
5- ¿Qué opinión te merece la disciplina y la constancia en lo que a alcanzar tus metas se refiere?
6- ¿Podés comentarme qué sentiste cuándo lograste tocar sin errores tu primera melodía o ejercicio técnico?
7- ¿El estudio del instrumento a ampliado tu percepción musical en cuanto a gustos? ¿Por qué?
8- ¿Has tenido la ocasión de tocar con otros músicos? ¿Cuáles fueron las sensaciones que experimentaste?
9- ¿Hasta el momento qué es lo más difícil a qué te has tenido que enfrentar, musicalmente hablando?
10- ¿Qué le dirías a alguien que tiene intenciones de comenzar a transitar este camino?

1- No lo sé.
2- Afinar una nota.
3- Sí.
4- Sí. Le dio el sentido que no tenía.
5- Sin ellas, junto con la paciencia, no llego a ningún lado.
6- Adrenalina pura.
7- Sí. Porque cada vez entiendo más lo que escucho, ya sea jazz, funk, reggae, rock, etc. Pero principalmente jazz.
8- Si la tuve, y la sigo teniendo. Más adrenalina todavía.
9- Lograr tocar con swing en jazz.
10- Le diría que sí… es importante tener las ganas de querer tocar el saxo (u otro instrumento), pero más importante es disponer del tiempo para una rutina de estudio y, sobre todas las cosas, mucha, mucha paciencia. Cualquiera puede tocar bien, sólo es cuestión de tiempo.

BUENOS MUCHACHOS 24



Presentando con el saxo alto "de la casa" a Emanuel Arancibia. Miércoles 16 de septiembre de 2009, 10:52 hs.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

BUENOS MUCHACHOS 23


Presentando al clarinete Alejandro Abaca. Martes 8 de septiembre de 2009, 19:43 Hs.

ENTREVISTA A PAQUITO DE RIVERA


Con Paquito D' Rivera

La música es buena o mala, y más ná


En Cuba se zambulló, desde niño y junto a su padre, en lo mejor de la música clásica y popular. Clarinetista y saxofonista de excepción, prolífico compositor de cámara y de jazz, con 56 años está celebrando en 2004 sus 50 años en la música. Ganador de seis Premios Grammy y con un sin fin de distinciones su nombre se inscribe entre los mejores exponentes del arte contemporáneo.

-¿Cuál es el balance de su medio siglo en la música y qué sensaciones cobran vida en su memoria?


-José Martí dijo que un hombre para ser completo tenía que tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Yo he hecho todo eso. Escribí dos libros, tengo un hijo (Franco) y he plantado unos cuantos árboles, así que por lo menos con Martí estoy bien, uno de los personajes que más admiro.

En cuanto a las sensaciones lo primero que me viene a la mente es mi padre. Él fue quien me inició en esta carrera por lo cual le estaré eternamente agradecido. Fue quien me enseñó a leer. Cuando llegué a la escuela ya sabía leer perfectamente bien. El primer libro que puso en mis manos fue Sandokan, El Tigre de la Malasia de Emilio Salgari, después vino Julio Verne, José Eustacio Rivera, y muchos otros. También le debo mi vocación de escribir, mi padre escribía bien a pesar que solamente hizo hasta sexto grado de escuela. A él le debo todo lo que soy.

-En su música confluyen el mundo clásico y lo popular, lo latino y lo anglosajón, ¿cuál es la explicación?

-Mi padre fue un saxofonista clásico pero le gustaba mucho la música de jazz, entonces crecí escuchando todo tipo de música. Me daba lo mismo. A él le gustaba mucho oír cantar a Mario Lanza y escuchar a la orquesta de Duke Ellington. Ponía en el tocadiscos cualquier cosa. Hasta que tuve 12 o 13 años no supe la diferencia que había entre Mozart y la orquesta de Pérez Prado. Me daba lo mismo una cosa que otra.

-Eso le ha dado mucha riqueza y solidez.

-Como decía Ellington: hay solamente dos tipos de música: buena y mala. Y todo lo que yo escuchaba era muy bueno.

-Habiendo sido uno de los fundadores del Grupo Irakere, ¿podría decirse que dicha agrupación era una síntesis perfecta de varias corrientes musicales?

-Éramos un grupo de músicos que habíamos hecho muchos géneros musicales y tratamos de fundirlos en un solo grupo. Irakere es el resultado de una serie de experiencias de un grupo de músicos que tocábamos todo.

-¿Mantiene contactos con Arturo Sandoval? ¿Han vuelto a tocar juntos?

-Al poco tiempo que él llegó a Estados Unidos grabamos un disco que se llama “Reunión”. Luego de eso no hemos vuelto a vernos ni a tocar.

-¿Las relaciones entre ustedes no son buenas?

-Él vive en Miami y yo en Nueva York.

-Dos grandes de la música como Bebo y Chucho Valdés, ambos amigos suyos, tomaron caminos distintos. Bebo se exilió y nunca más volvió a Cuba, Chucho, su hijo, en cambio, decidió quedarse. ¿Qué reflexión le merece esta situación de seres tan próximos a usted?

-Eso tiene un nombre: comunismo, y es lo que provoca ese distanciamiento, esas separaciones por motivos políticos. En un reciente reportaje Diego El Cigala, que junto con Bebo Valdés grabó el año pasado el disco Lágrimas Negras alcanzando éxito mundial, decía: “Después del éxito que obtuvimos con un ciudadano ilustre como Bebo Valdés alrededor del mundo, cuando fui a su propio país se me recomendó que ni siquiera mencionara su nombre. Toqué con su hijo, Chucho, quien lo sustituyó en el piano, y no pude mencionar a su padre”. Y eso no lo dije yo, lo dijo un gitano que nada tiene que ver con la política.

-En lo estrictamente musical, ¿le gustan Los Van Van?

-Sí, a pesar de que no es mi género de música favorita, es indiscutible que Juanito Formell creó una gran cosa. Los dos grupos cubanos contemporáneos más importantes son: primero, Juan Formell con Los Van Van, y después Irakere. Fueron los dos grupos que modernizaron la música. Desde allí parte todo el movimiento de lo que ahora llaman “Timba”, y que está muy influida por el jazz y el rock.

-Las influencias que procesaron y aplicaron básicamente al son cubano, Changuito (José Luis Quintana) en la percusión y Formell en el bajo, lograron una sonoridad muy sabrosa. Cuando tocan hasta las mesas bailan.

-A Changuito le gustaba tocar rock and roll y empezó a mezclar todo eso en una batería. Al principio sin platillos, con una cajita china sola, y crearon una forma distinta de tocar. Formell es un tipo muy creativo para la música popular. En el otro extremo Irakere, con su “metalería” que sale de Blood, Sweat and Tears, al mezclarse con la música afrocubana y con los tambores batá, nació ese estilo de música muy creativa. Hay mucha gente que me pregunta porqué no me he dedicado a la música de baile y yo digo: porque ya eso lo hice muy bien. Eso es un arte, el arte de pegar en el público. Es un arte y una esclavitud también.

-No entiendo lo del arte y la esclavitud. Los tipos cantan lo que está en boga en la calle, en la esquina, en el barrio, son esencialmente populares.

-Eso es lo que es. Con ese tipo de orquesta hay que estar constantemente en la calle escuchando los dichos populares, estar en la moda, y eso es una esclavitud, yo hago lo que me da la gana, no lo que me diga el pueblo que haga, ¿no? (risas)

-La música y el humor fluyen de usted constantemente, ¿de qué otra manera manifiesta su “cubanía”?

-Por lo menos comiendo frijoles negros tres o cuatro veces por semana. Así siente uno la “cubanía”. No sé, hay tantas cosas que simbolizan el carácter cubano, y eso se agiganta con la distancia. Cuando uno está lejos de su país, lejos de donde nació, es como dijo la gran folklorista Lydia Cabrera cuando salió exiliada hacia París en el año 60: “Yo descubrí a Cuba a orillas del Sena”, una frase muy bonita que lo define todo.

-¿El desarraigo hace que la identidad se potencie a pleno?

-Es increíble, en Cuba casi no escuchaba música cubana, como que eso estaba en el ambiente, estaba en la atmósfera. Allá, yo decía que la mejor orquesta típica era la de Count Basie y que el mejor cantante de son montuno era Joe Williams.

-Pese a que usted en su segundo libro, “¡Oh, La Habana!”, habla de sus innumerables encuentros en la tienda musical de su papá con Ernesto Lecuona, Benny Moré, Cachao López y otros pioneros de la música popular cubana.

-Conocí muchísima gente allí, además de los que tu nombraste, Chico O'Farrill, Pedrito Knight (esposo de Celia Cruz) y Chocolate Armenteros, que era el amigo más elegante que tenía mi papá, todos ellos iban a comprarle trompetas. Cachao una vez le compró un contrabajo.

-Tito Puente creó 400 composiciones y unos 2.000 arreglos musicales, ¿usted lleva la cuenta?

-No tengo ni la menor idea. Yo escribo música, y a la música se la lleva el viento.

-¿Cuál es su técnica para componer? ¿Lo hace a partir del saxo?

-No, no hay nada, es todo imprevisto. No tengo un método para hacerlo. A veces sale solo y a veces hay que forzarlo. Ahora mismo tengo que escribir una pieza para un quinteto de vientos y debo entregarla en tiempo porque es una comisión, tengo la obligación de sentarme a escribirla. Entonces, a veces es por inspiración y a veces porque el trabajo obliga. Eso es lo que hace un músico profesional, también. Y compongo a partir del piano, me siento al piano y toco.

-¿Qué cambió en usted a partir de su salida de Cuba en 1980?

-Siempre quise vivir en Nueva York porque esta ciudad es multicultural, hay gente de todos lados y he absorbido de todas esas multinacionalidades. Por ejemplo, soy loco por los bandoneones y no tuve que mudarme a Buenos Aires, aquí he podido aprender y conocer algunos bandoneonistas, tocar con ellos y trabajar con ese instrumento.

-¿Piazzolla o Troilo?

-Bueno, Piazzolla sale de Troilo, pero los dos me gustan mucho. A mí también me fascina la música brasileña, siempre digo que la mitad de mi corazón es brasileño.

-En su música se aprecia esa influencia muy claramente.

-Aquí hay muchísimos brasileños y he aprendido mucho de ellos, así como de los portorriqueños y de los músicos clásicos. Aquí hay gente de todo el mundo, por eso he querido vivir en Nueva York. Viviendo acá he podido vivir en todos lados, Nueva York es como estar en todos lados.

-En su caso se aplica aquello de “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas...”; su esposa, Brenda Feliciano, es boricua.

-Mi es esposa es portorriqueña y es una gran soprano. Esa frase pertenece a la poetisa Lola Rodríguez de Tió. “Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas, reciben flores y balas en un solo corazón.” Lola nació en Puerto Rico, se casó con un cubano y murió en Cuba.

-Usted cuenta una anécdota muy jocosa referida al divorcio que existe entre músicos clásicos y de jazz que muchas veces interfiere en su trabajo.

-¡Uff! ¡Qué trabajo les cuesta a los clásicos entender la síncopa, qué “gallegos” son, mi madre! A veces me pongo a escribir cosas para quinteto de vientos o cuarteto de cuerdas, y cuando les llevo las partes me miran como a un extraterrestre y me dicen: “¿Qué es esto? ¿Es pianissimo o mezzo forte?” ¡Qué carajo importa, tócalo a tiempo y ya! No hay forma con ellos.

Claro, si se pasan escuchando a Bach y no conocen a Celia Cruz ni de nombre, nunca lo van a entender. Y a los de jazz, mientras tanto, tú le hablas de una fuga y te dicen: “¿Qué? ¿Quién se escapó?” Eso es muy limitante, y también aburrido. No creo en el aprendizaje de la música de oído, eso es un disparate. Pero no poder tocar de oído es otro disparate. He escuchado un chiste que me suena muy real: ¿cómo haces para que un guitarrista popular baje el amplificador? Ponle una partitura delante. ¿Y cómo logras que un guitarrista clásico deje de tocar? Sácale el papel. Es una gran verdad. Los músicos de jazz están perdiendo siglos de tradición musical y de disciplina y la figura de la música clásica; el jazz es un género joven, tiene sólo 100 años. Y por otra parte los músicos clásicos se están perdiendo de la espontaneidad de un género joven. En el Cono Sur específicamente hay grandes problemas rítmicos. Para la gente que nacimos en el Caribe o los músicos estadounidenses de jazz, no hay muchos ritmos por allí abajo, con excepción del candombe de Uruguay. La música es música y más ná, y se debe tratar de entenderla. Mientras más uno sepa de los distintos géneros mejor uno los toca.

-¿Qué significan las pérdidas de Celia Cruz y Tito Puente?

-Eso es irreparable. No hay forma de suplir a esa gente, ni desde el punto de vista musical ni personal. Son personajes que salen cada mil años. Celia y Tito fueron gente muy especial. Esa gente regó felicidad por el mundo. La última fiesta que tuvo Celia fue en mi casa, ella vivía muy cerca de aquí, y ya se notaba que estaba herida. Inclusive empecé a cantar para provocarla un poco y se paró, cantamos a dúo Caramelo a Kilo, pero no duró ni 10 segundos la pobre. Cuando ella murió escribí un artículo que se llamó La Reina y su Caballero, porque el apellido de su esposo (Knight), en inglés significa caballero, y lo publicaron en el Miami Herald en inglés y en español. Ella decía: “Yo soy una persona alegre que me gusta cantar, así quiero que me recuerden”, y el artículo era un poco triste, pero como ella quería que la recordaran con alegría, sobre el final escribí una anécdota. En Colombia, una vez, bajando del escenario, un borracho, pero muy borracho, muy sudado, le dijo: “Ven mi reina, voy a darte un beso”, y Celia le respondió: “¡Ay no mi negrito, que ahora estoy de prisa, mira, dáselo a Pedro que viene ahí detrás!”

-Usted manifiesta estar en constante apren-dizaje, en superación permanente. ¿Cuántas horas le dedica a la práctica del saxo y del clarinete?

-Hago tantas cosas hoy día que el tiempo no me da. En mi caso hay una muy buena formación. Desde niño mi padre me obligaba a estudiar y él estudiaba conmigo, 8, 9, 10 horas diarias. Hoy entreno cuando tengo que tocar en eventos especiales. Hace pocas semanas participé de un festival de música de cámara en Utah, el Moab Festival. Con motivo de la celebración de mi 50 aniversario tuve que tocar el Trío de Brahms para clarinete, violoncello y piano, lo elegí en homenaje a mi padre a quien le gustaba mucho Brahms, y para tocar esa pieza, que es sumamente difícil, sí me entrené. Ahora hace como tres días que no estudio ni toco una nota porque estoy escribiendo un trabajo contratado que debo entregar. Pero, hay que estar encima del instrumento, sobre todo cuando uno es joven, los muchachos jóvenes deben buscar una buena formación.

-¿Qué representa para usted el doctorado en música que le otorgara la Universidad de Berkeley en 2003?

-Eso fue como un sueño que se convirtió en realidad, porque la escuela Berkeley ha sido siempre un ejemplo para todos los músicos de jazz del mundo. Ahora mismo acaban de anunciarme que me van otorgar el Premio Nacional de las Artes, National Endowment of the Arts. Eso es muy fuerte porque con esa distinción están Wayne Shorter, Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Dave Brubeck, y el único latino soy yo. También me da un poco de tristeza porque hay gente que lo merece más que yo. Pero, como dice Juan Formell, al que le tocó, le tocó... (cantando)

-¿Se ha perdido creatividad últimamente en la música?

-No, siempre hay gente creativa aunque nunca abunda, en todos los tiempos ha escaseado. No hubo diez Beethoven en el siglo XIX, había solamente uno. En todos los tiempos ha habido gente olvidada porque no han sabido promocionarse, no han sabido vender su trabajo, en el buen sentido del concepto, pero el talento no abunda, no es un pescado que se consigue tirando una red y caen diez. Gente creativa hay la que hay, siempre ha sido así. Tito Puente no nace todos los días.

-¿Qué desafíos tiene en la música y en su vida?

-En su vida y en bajada, como decía Cantinflas. Hago lo que me gusta, gracias a Dios y a mi padre. Escribir, escribir y tocar música, conocer gente, escuchar música también, me encanta. Esto es lo más parecido que puede haber a la felicidad. Pero hay muchas cosas que me entristecen tremendamente, como la esclavitud de mi tierra. A la gente que no está de acuerdo con “ese hombre” (Fidel Castro) se le considera ciudadano de segunda cuando realmente quien es un ciudadano de tercera es él. Me da más pena la situación de Raúl Rivero, que es un poeta cubano que cumplió 28 años de cárcel por escribir poemas, por hacer lo que hace Mario Benedetti. Es increíble, los cargos eran posesión de grabadora y de literatura subversiva; es lo mismo que hicieron Franco y Hitler. No hay forma de defender eso en nombre de las escuelitas y los hospitales.

-Sé que a tocar volvería, pero, ¿volvería a vivir en Cuba?

-¿A vivir allá? Me gustaría tener quizás una propiedad, un apartamento, sí. Lo que pasa es que me gusta mucho vivir en Nueva York por cuestiones culturales, pero cuando me aprieta el frío seguramente me iría para allá.

-Si tuviera que armar una “Big Band” para tocar música afrocubana, ¿qué estructura tendría y quiénes la integrarían?

-Bueno, estaría mi amigo Manuel Valera como primer saxofón, él tocaba con el grupo de Gonzalito Rubalcaba. Diego Urcola, mi trompetista, y Claudio Roditi, en el trombón Juan Pablo Torres. La sección rítmica sería la que tengo hoy día conmigo: Alon Yavnai en el piano, Oscar Stagnaro en el bajo, más un guitarrista que es un fenómeno llamado Romero Lubambo, que ha tocado varias veces en Lapataia de Punta del Este (Uruguay), y Mark Walker como baterista. Todos ellos son muy versátiles y eso me permite hacer rumba, tango y samba a la vez. Y en las congas me llevaría a “Mañenguito” (Giovanni Hidalgo).

-¿Y cantantes?

-Eso no lo había pensado. Casi nunca trabajo con cantantes, pero quizás utilizaría a Willy Chirino, que también compone cosas muy bonitas.

-¿Qué opinión tiene de Rubén Blades y de su álbum Maestra Vida?

-Es una obra maestra, y los arreglos pertenecen a un gran amigo argentino, Carlos Franzetti. Sobre Rubén tengo el mejor concepto, el más alto. Rubén es una persona muy especial y un artista de primera.

-¿Y Oscar D' León?

-Me encanta ese tipo, sobre todo como toca el bajo. Fuera de Cuba es la persona que yo he oído cantar la música cubana como nadie, la verdad. Los cubanos decimos que cuando ese hombre fue a Cuba en 1983 fue a bailar a la casa del trompo. Fue a Cuba a cantarle música cubana a los cubanos. Oscar es un grande. Tú sabes que el tipo quiso comprar el carro del Benny (Moré), su ídolo, que tenía un Cadillac convertible y convenció a su familia para que se lo vendieran, pero las autoridades no se lo dejaron llevar de Cuba.

-La celebración de sus 50 años en la música tendrá su punto culminante en el majestuoso Carnegie Hall de Nueva York, el 10 de enero de 2005. ¿Qué se puede adelantar?

-Se están preparando cosas bien lindas. Estará el violonchelista Yo-Yo Ma, el cuarteto New York Voices, con los que grabamos el disco Brazilian Dreams, mi esposa Brenda Feliciano, interpretará a George Gershwin, la Orquesta Juvenil de Las Américas, que es una tremenda orquesta integrada por los niños más talentosos de todo el continente, Las Hermanas Márquez y Bebo Valdés, y estamos gestionando al pianista Pablo Ziegler y a Chick Corea. Será una celebración muy linda y divertida. El evento se llama “Paquito D´Rivera, 50 años y 10 días”. En estos momentos la televisión española junto con la francesa están haciendo un documental que se denominará como mi primer libro: “Mi Vida Saxual”.

-¿Y después del Carnegie Hall se viene la décima edición del Festival de Jazz de Lapataia en Punta del Este?

-Allí nos veremos. En esa oportunidad contaremos con la presencia estelar de Bebo Valdés para el cierre, el 16 de enero. Y a mis amigos uruguayos que me han recibido siempre con tanto amor y cariño, un saludo afectuoso.


Rubén Yizmeyián

© Rel-UITA

21 de octubre de 2004

PAQUITO D' RIVERA


Nació en La Habana el 4 de junio de 1948, Paquito D'Rivera fue un niño prodigio al empezar sus estudios musicales a ,los cinco años bajo la tutela de su padre, Tito, un conocido saxofonista y director cubano. A los seis años ya actuaba en público, y a los siete años, se convirtió en el miembro más joven del grupo que supiese tocar un instrumento, cuando se unió a la famosa compañía, Selmer.

En 1958, cuando apenas contaba con diez años, actuó en el Teatro Nacional de La Habana, dejando estupefacto al público y los críticos. Ingresó en el Conservatorio de La Habana a los doce años para estudiar clarinete, composición, consonancia, y "todo lo demás". En 1965, con tan sólo 19 años, convertido en todo un virtuoso del clarinete y el saxo, actuaba por primera vez, como solista con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, en un concierto televisado a nivel nacional. Ese mismo año, al pianista Chucho Valdés, fundaron la famosa Orquesta Cubana de Música Moderna, de la cual fue director durante algo más de dos años. Ocho de los músicos más jóvenes y aventureros de la Orquesta, se unieron a otros tres músicos para formar Irakere, cuya explosiva mezcla de jazz, rock, música clásica y música tradicionalmente cubana no se había escuchado jamás.

La irrupción en los últimos tiempos de la música y los músicos cubanos en el panorama internacional y su masiva implantación posterior en recitales, conciertos y grabaciones varias, así como la proyección cinematográfica que muchos de ellos han tenido en películas como Buenavista Social Club, Calle 54 o en Los Reyes del Mambo, ha sido decisiva para que la música traspasara la Isla de Cuba y sus músicos dados a conocer en todo el mundo. Nadie duda que entre esos grandes músicos está Paquito D’Rivera, uno de los grandes estandartes de dicho movimiento y de los responsables de su implantación.

Tras fundar en 1965 con Chucho Valdés la Orquesta Cubana de Música Moderna y posteriormente el citado grupo Irakere, con el que causaron sensación en los festivales de Newport y Montreux (1978), se traslada a los EE.UU. bajo la protección de, entre otros importantes músicos, del maestro del jazz, Dizzie Gillespie. Allí comienza su colaboración con los mejores músicos como Arturo Sandoval, Roditi, Michel Camilo y rescata del ostracismo a Bebo Valdés, un pianista, padre de Chucho Valdés que lograría en los primeros años del siglo XXI, un gran éxito con su disco "Lágrimas Negras" junto al cantaor flamenco Diego "El Cigala". Posteriormente graba con la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de Lalo Schifrin, y en 1995 por primera vez con el Caribean Jazz Project; poco después gana el Grammy por su disco "Portraits of Cuba". Ha colaborado con Eddie Gómez, Mc Coy Tyner, Herbie Mann, Tito Puente, Astor Piazzolla, etc. y ha publicado sus memorias con el burlón (no podía ser de otro modo) título de "Mi vida saxual"

miércoles, 8 de julio de 2009

BUENOS MUCHACHOS 22

Presentando al clarinete Nicolás García Martins. Miércoles 8 de julio de 2009, 11:35 Hs.

miércoles, 1 de julio de 2009

BUENOS MUCHACHOS 21


Presentando a la saxo alto Verónica Perez. Miércoles 1 de julio de 2009, 19:20 Hs.

BUENOS MUCHACHOS 20




Presentando al saxo alto Jonathan Raneri. Miércoles 1 de julio de 2009, 18:35 Hs.

DEXTER GORDON

Dexter Keith Gordon nació en Los Ángeles, el 27 de febrero de 1923. Aprendió teoría musical y clarinete, antes de escoger, el saxo alto a los quince años y, definitivamente el tenor, dos año después. Su carrera comenzó con la orquesta de Lionel Hampton, con la cual permaneció tres años. Después de actuar durante seis meses con la orquesta de Louis Armstrong (1944), fue contratado por Billy Eckstine, por un periodo de un año y medio. De nuevo en Los Ángeles, participó en un sexteto al lado de Charlie Parker y Miles Davis, para, seguidamente, crear su primer cuarteto, con el que desarrolló una intensa actividad entre Los Ángeles y Nueva York. Durante esta época grabó con Dizzy Gillespie, Fats Navarro, Charlie Parker, J.J. Johnson y Tadd Dameron, antes de asociarse con Wardell Gray, con quien protagonizó interesantes duelos entre 1947 y 1952 y de los que nació el disco "The Chase" (1947) .

Después de pasar unos años en prisión (1953-1955) por un asunto de drogas, grabó tres discos, "Daddy Plays The Horn", "Stanley The Steamer" y "Dexter Plays Hot and Cool", al que siguió un periodo de olvido para volver en 1960 cuando escribe la música para la obra de teatro, posteriormente pasada al cine, "The Connection" y graba el disco "The Resurgence of Dexter Gordon". Seguidamente firmó un contrato con Blue Note que daría siete excelentes discos, entre los que destacan "Doin' Allright", "Dexter Calling" (ambos de 1961), "Go" y "A Swingin' Affair" (ambos de 1962) y sobre todo, "Our Man In Paris" en 1963.

Dificultades laborales le impidieron el poder desarrollar todo su talento expresivo. Fue providencial la invitación a actuar al Ronnie Scott's de Londres, que significó el inicio de un largo exilio europeo. A partir de 1962 se instala en Dinamarca, donde es tratado con respeto y afecto, grabando muchos discos para el sello SteepleChase con músicos que viven o están de paso por Copenhague, como Kenny Drew, Horace Parlan o el pianista español, Tete Montoliu. Al mismo tiempo se presenta en muchos festivales europeos (Malmoe, Molde, San Remo, Berlín, Lugano) y también en pequeños clubes, dejando su magistral huella en París a través de dos discos históricos de Blue Note, el ya citado, "Our Man in París" (1963, con Bud Powell) y "One Flight Up". Sin embargo siguió yendo a Nueva York por cortos periodos de tiempo; en 1976, por ejemplo fue contratado por el Village Vanguard, en un regreso que significó el renacimiento del Bebop en los Estados Unidos. A partir de entonces, su vida se dividió entre Estados Unidos y Europa.

Su estelar participación en una de las obras cumbres del jazz y el cine como fue la película dirigida por el cineasta francés, Bertrand Tavernier en 1986 y titulada "Round Midnight" fue el punto y final glorioso a una vida llena de música y sensibilidad. Murió en Philadelphia (Pensilvania), el 25 de abril de 1990.

sábado, 27 de junio de 2009

ESCUELA DE JAZZ (CLASE 3)

























































Jueves 25 de junio de 2009, 21:30 a 23:30 hs.



Participantes:

Saxo Tenor:

Jorge Vargas, Sebastián Sosa y Dario Romero.

Saxo Alto:

Héctor Doña y Rodolfo Tornello.

Temario:

Autumn Leaves.